Nuestro secreto

Muchas familias me consultaban si debían contar su proyecto adoptivo o si les recomendaba discreción, la misma reflexión cuando recibían la asignación. Siempre les contaba que cada persona y cada familia es un mundo. También cada país y cada proceso… Pero siempre, ante la duda, les recomendaba que lo elaboran en la intimidad y que lo expusieran cuando se sintieran preparados. No preparados para las buenas noticias, para eso lo estamos siempre, o casi siempre. Preparados para afrontar la incertidumbre o los duelos fuera del entorno próximo y seguro.

Fui testigo de como muchísimas familias vivieron procesos cortos o largos, pero sin complicaciones, de procesos compartidos, gritados a los cuatro vientos y felices, muy felices.

Pero también comuniqué muchas retiradas de asignación o juicios negativos en Etiopía, viví la experiencia de familias que viajaban dos y volvían dos, supe de familias que habían rechazado la preasignación por diferentes motivos, algunos justificados, otros no. Lidié con familias que vivieron con infinita ansiedad sus esperas porque no sabían explicar a sus hijos pequeños porqué su hermanit@ no llegaba años después de lo previsto, de tener su cama preparada y vacía. Les acompañé en su angustia cuando el niñ@ incorporado a la familia a través de una foto y un nombre y el amor más indescriptible, finalmente no iba a llegar. Les consolé no sólo en su duelo, sobre todo por el de sus padres, el de sus hijos, del que se sentían responsables y para quienes no encontraban argumentos lógicos ni sosiego.

Y con todo este bagaje llegó nuestro momento. Dos personas que acumulaban frustraciones y que se sentían cansadas. Dos personas que tuvieron que sincronizar sus ritmos, sus sentimientos y sus expectativas para tomar decisiones y avanzar. Dos personas que se lanzan a un vacío que conocen demasiado, que saben incierto. Dos personas extrovertidas, pero reservadas. Reflexivas y prudentes. Y a mí que me costaba fluir…

Muy pocas personas supieron de nuestra solicitud. Personas escogidas, que no entraron a valorar si era el momento, si antes habían otras opciones, si era asumir demasiados riesgos, si iba a ser demasiado complicado porque su vecina le contó que su primo pasó por eso y… ufff….. Personas para las que nuestros pasos eran sus pasos. En esa primera etapa no hubo preguntas indiscretas, ni incómodas, ni preguntas que no tenían respuestas, ni prejuicios, ni historias convertidas en rumor y ficción alrededor de la adopción. Ya habría tiempo para eso. No hubo ni estrés ni presión añadida. Hubo ilusión, la de una puerta que se abría y que empezaba a darle sentido a todo lo recorrido hasta el momento. Hubo complicidad, la de saber que nuestra familia estaba creciendo en nosotros, poco a poco. Hubieron miradas entre un grupo de gente, sonrisas y miradas al suelo, o al cielo, disimulando que estábamos deseando dar la gran noticia.

Fue nuestro secreto. Pero no un secreto que guardas por obligación. No había nada negativo que ocultar. Simplemente quisimos que fuera solo nuestro, al menos durante un tiempo. Si el camino recorrido, con todos sus obstáculos, nos enseñó que nuestra unión era profunda, incondicional, fuerte… “nuestro secreto” nos enseñó que necesitábamos muy poco, que estando juntos lo teníamos todo, que luchado juntos lo podíamos conseguir todo.

Con esa base afrontamos cada paso, con una ilusión íntima y bonita, y positivos, muy positivos. Desde el mismo día que entregamos la solicitud una sensación de paz se instaló en casa. Cada vez estábamos menos cansados y más ilusionados. Algo nos decía que todo iba a salir bien, que andábamos los pasos que nos correspondían. Sin embargo, porqué no reconocerlo, pasamos mucho miedo. Por aquel entonces algunas propuestas de asignación de Vietnam Lista 2 no habían prosperado por distintos motivos, así que cuando llegó la nuestra nos aferramos fuerte, pero esforzándonos en mantener la calma y el control de la situación. Así como nuestro secreto nos dio la libertad de vivir nuestro proceso a nuestra manera, sin dar explicaciones, sin justificarnos, sin tener que ajustar más expectativas que las nuestras (que ya es bastante), sabíamos que si algo no iba como esperábamos nuestro secreto nos daría la libertad de vivir nuestro duelo o nuestras preocupaciones a nuestra manera, la libertad de contarlos cuando tuviéramos la fuerza la necesaria, cuando fuera el momento de que contarlo nos hiciera bien.

Y ese momento llegó. Fue una pesadilla de esas que en tiempo real dura unos minutos, pero que tu sientes eterna, que no acaba nunca y piensas que acabará contigo. Lo he dicho alguna vez, perder temporalmente la preasignación de nuestra hija fue lo peor que me ha pasado en la vida. Seguramente no fue lo objetivamente peor. Pero sí lo fue en mi interior. Sí sentí que una parte de mí se moría, sí sentí que lo que estaba pasando me acompañaría siempre, que jamás podría olvidarla a ella ni superar ese dolor. Y nuestro secreto nos dio la libertad para abrazarnos, llorar, invertir nuestra energía en tocar todas la puertas y pasarlo juntos. Sin explicaciones, sin consuelos con la mejor intención que no consuelan, sin razonamientos aplastantes de como debería ser el mundo y no es.

Pero lo superamos juntos, cada vez más fuertes, cada vez más cómplices, cada vez más padres. Y llegó ese momento en el que aunque todavía pueden pasar mil cosas, un pálpito te chiva que es el momento para dar el paso. Para, ahora sí, gritarlo a los cuatro vientos. Para que toda la gente que nos quiere disfrutara de la noticia, sin altibajos para los que nadie les había preparado. Con tiempo para vincularse a una bebé que pestañeaba muy seria tumbadita en una esterilla sobre una tabla mientras alguien buscaba su sonrisa con expresiones cariñosas en vietnamita. Y nunca imaginé que ahí estarían algunos de mis mejores recuerdos. En las lágrimas que brotaron al ver ese mini video, al verla, al saber sin escucharlo quién era y lo importante que iba a ser en sus vidas. No presentamos una solicitud, presentamos a nuestra hija. Y fue tan emocionante…

Hubo quien nos reprochó no haberlo contado antes. Hubo quien, como mi hermano, nos confesó con la asignación oficial en la mano, que le hubiera gustado saberlo entonces, y no antes. Porque no esperaba el desasosiego que le invadió después de verla, quererla y contemplar la posibilidad de perderla.

Y fue el claro ejemplo de que cada persona y cada familia debe vivirlo a su manera, a su ritmo. Si necesitas compartirlo hazlo, y ya afrontarás las consecuencias. Si necesitas madurarlo, hazlo, y ya afrontarás las consecuencias. Valora tus circunstancias personales, familiares, sociales, laborales… y haz lo que te haga más feliz. Al fin y al cabo es tu camino, el que te llevará a tí y a los tuyos a casa.

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3 comentarios en “Nuestro secreto

  1. Me encanta tu post. La verdad es que sentía mucha paz mientras lo leía.
    Nosotros de momento solo lo hemos comentado a unos amigos. El resultado no fue el esperado. Pero eso no nos desanimó.
    Por un lado nos hizo reflexionar, que la adopción no es algo qud todo el mundo se plantea. No es un tema de conversación habitual. Y esta rodeado de bastante ignorancia.
    Por otro lado, también llevo un tiempo pensando, a raiz del curso de adopcion que estamos haciendo, y de la experiencia con estos amigos, que las familias también necesitan su tiempo para quererlo, desearlo, esperarlo. Pero supongo que desde que sea la preasignacion hasta el viaje… Habrá tiempo de sobra!!
    Por otro lado, yo también me siento mas cómoda en mis silencios. Viviendo nuestra vida, e involucrando a los nuestros, en el momento adecuado.
    Pero involucrándolos siempre, porque son muy importantes!!!!
    Hasta la próxima.

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    1. No sé como pude tener este mensaje sin leer y no darme cuenta… Queria Marga, qué feliz me hace saber que leerme te hizo sentir entendida y en paz contigo misma… Y ojalá en este tiempo el proceso haya avanzado positivamente para vosotros y lo estéis viviendo con ilusión ante todo. Nuestro hij@s deben estar presentes siempre, pero necesitan poco tiempo para hacerse su hueco en nuestro familia, porque el amor es infinito… Hasta la próxima, te espero por aquí! Un abrazo

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