Cumpleaños ¿feliz?

Me siento infinitamente feliz con la familia que hemos formado, y siento que mi hija crece sana, alegre y fuertemente vinculada a su familia y entorno próximo, que esos vínculos le dan seguridad para enfrentarse a lo desconocido y le hacen fuerte. Pero a veces me apura pensar que os transmito una imagen idílica de la adopción, o de nuestra familia. Me considero una persona optimista, pero como madre también tengo miedos.

Nuestro camino como solicitantes de adopción, como adoptantes y como padres es difícil. Pero, ¿y el de nuestros hijos?. Cuando trabajaba con familias en proceso de adopción recuerdo invertir mucha energía en cambiar el foco, recuerdo escucharme muchas veces preguntado en voz alta qué historias imaginamos que hay detrás de un niño adoptable. Porque no se me ocurre ni una sola historia feliz al respecto, al menos yo no he conocido ninguna, quizá edulcorada, pero no feliz.

Creía por eso que era consciente de todo esto, hasta que me convertí en madre y guardiana de la historia de mi hija hasta que la entienda suya. Hasta que sentí el dolor que probablemente ella sentirá. Hasta que supe qué era empatizar con mayúsculas, como eso nos conectaba sin habernos tocado todavía, como esta maternidad me cambiaba la vida y la forma de entender el mundo. Y más tarde leí a una persona adoptada adulta explicando los sentimientos de nostalgia, pesadumbre y dolor que le embargaban cuando se acercaba su cumpleaños y que no supo entender ni identificar hasta que fue mayor.

En ese momento fui consciente “de verdad” de lo incongruente que puede resultar para algunas personas celebrar su cumpleaños. ¿Celebrar qué? Como os decía detrás de una adopción existen infinidad de historias de necesidad, de abandono, de negligencia, de duelos… por no hablar de las historias sin historia. No resulta extraño que algún día esos niños, cuando se acerque una fecha en la que muchas familias recuerdan dónde nacieron, a qué hora, en qué circunstancias, se pregunten qué pasó y porqué. Quizá no lleguen a planteárselo, quizá sí y aprendan a integrarlo en su vida sin que les haga daño. Quizá nunca encuentren motivos de celebración.

Y veo a mi hija esperando su cumpleaños con tanto entusiasmo, que no puedo evitar sentirme feliz, pero también, a ratos, pensar en todo esto. Y prepararme para identificar esas emociones distintas a la alegría que puedan aparecer, para acompañarla, para no obligarla a celebrar ni a ser feliz ese día si no puede, para validar sus sentimientos, para no quitarles importancia, para respetarlos y hacerlos míos si eso le alivia, para hablar de ellos si quiere, para no hacerlo si no quiere… o para montar un fiestón y celebrar la vida si así lo siente. Para tomar decisiones y hacer las cosas desde el respeto profundo hacia ella y hacia su historia. Para que ese sea siempre nuestro mejor regalo.

Felices tres años de vida, mi vida.

_mg_0553

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s